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jueves, 14 de junio de 2012

Prólogo del libro (por Joaquín Sánchez G.)

CEMEX es la propietaria de una fábrica de cemento de Castillejo, que pertenece al término municipal de Yepes (Toledo), y cuyos orígenes arrancan en el año 1911. La planta emplea a aproximadamente 200 personas, entre trabajadores fijos y temporales, y tiene una capacidad de producción de más de 1,5 millones de toneladas al año. Desde su creación (primero con el nombre de Pórtland Iberia, después con el de Valenciana de Cementos, y finalmente bajo los auspicios de CEMEX), la fábrica ha experimentado un proceso constante de modernización, lo que la ha colocado en uno de los primeros puestos en el ránking nacional. Como grupo de materiales de construcción (que incluye las actividades de fabricación de cemento, hormigones, áridos y morteros), Castillejo se sitúa entre las tres primeras plantas del mundo. Con esos datos es fácil deducir que la fábrica ha contribuido de forma importante al desarrollo económico, industrial, social y medioambiental de Yepes, de la provincia de Toledo y de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha.

Tras esta realidad económica hay un puñado de historias humanas de las que me siento honrado formar parte. Como hijo de la Colonia Iberia (el único mérito que me atribuyo), para mí es un orgullo que CEMEX me haya ofrecido la oportunidad de prologar este libro que conmemora el centenario de la fábrica de Castillejo.

sábado, 2 de junio de 2012

Mi vida en Portland Iberia (por Vicente Coronado)


Nací en la Colonia Iberia el 13 de abril de 1944. Allí pasé toda mi niñez con el resto de los hijos de la Colonia. Todavía recuerdo cuando paseábamos por la carretera que había en el centro de la colonia, o cuando íbamos con los botijos a por agua a la fuente que había al final del paseo. Los jueves, sábados y domingos íbamos al cine. Era una gran sala con 410 butacas, más los palcos reservados para los jefes. También nos juntábamos en el Casino, en donde había bar, salón, comedor, sala de reuniones, biblioteca, televisión y una hermosa mesa de billar. Disponíamos de piscinas, todo tipo de instalaciones deportivas y una iglesia muy bonita, que sirvió para casar, bautizar, celebrar la Primera Comunión y dar el último adiós a muchos de nuestros vecinos y amigos.

El 6 de octubre de 1958, con 14 años, pasé a formar parte del equipo de soldadura del taller mecánico de la empresa, con mi maestro Aurelio (El Nínchi ), Boni, Burgos, el tío Felix, Pedro, Domingo, El Litri, Morera, Fide y el resto de aprendices.

Cuando tenía 16 años entré también de camarero en el Casino. Estuve tres años, pero finalmente lo dejé, porque para un joven era muy duro trabajar toda la semana en La Fábrica y los fines de semana en el Casino. Recuerdo que por aquella época triunfaba un programa de televisión que se llamaba La Gran Parada, y cada vez que lo ponían se llenaba el Casino hasta la bandera.

jueves, 31 de mayo de 2012

La Fiesta del 10 de mayo (por Teresa Pérez)

En Castillejo había varios días especiales a lo largo del año en los que los habitantes de la Colonia Iberia se citaban para el festejo y se reconocían a sí mismos como colectivo. Pero el mejor día, el verdadero día grande, era el 10 de mayo, fecha de las fiestas locales de La Cruz.

El ajetreo empezaba la víspera en el campo de fútbol. El día 9 por la noche tenía lugar la exhibición de fuegos artificiales que cada año señalaba el inicio de las fiestas. A continuación se celebraba un baile en el Casino con alguna de las orquestas moda de la época. 

Pero aquel no era un baile cualquiera. Era una cita festiva importante a la que acudían no sólo los habitantes de la Colonia Iberia, sino también los de los pueblos cercanos. Sólo se ponía una condición: había que tener 14 años. La limitación, como es fácil suponer, traía de cabeza al colectivo infantil de la colonia, que todos los años trataba de burlar la norma y entrar en el baile. El problema era que Pifa y Julián Mora, los guardas jurados de la colonia, conocían a toda la chiquillería, y no permitían que nadie de menos de 14 años se les colara en el Casino. Casi siempre intentábamos entrar por alguna de las ventanas, pero al final nos encontraban y nos echaban a la calle. ¿Tan importante era el baile? Bueno, para algunos, sí. De este baile salieron algunas parejas que luego acabaron en matrimonio, y para dar prueba de ello yo misma me puedo poner de ejemplo.

jueves, 24 de mayo de 2012

El Economato (por Manoli Pastor de la Hermosa)

Mi primer trabajo en la empresa fue de cajera del Economato viejo. Cuando empecé no había muchos artículos, pero sí los más básicos: leche, pan, aceite, legumbres, conservas, carne, pescado... El pan lo hacían en la panadería, que también era de la empresa.

En la colonia había asimismo una vaquería y teníamos dos despachos de leche, por la mañana y por la tarde, incluidos domingos y festivos. Cada quince días, además, despachábamos carbón para las cocinas y estufas de la colonia. La venta se llevaba a cabo en la calle y todavía siento en los huesos el frío que pasábamos en invierno.


Para abastecer la carnicería, se sacrificaban las reses allí mismo, en la calle, porque no disponíamos de matadero. En cierta ocasión, un choto se soltó de la cuerda con la que le amarraban cuando estaba a punto de ser sacrificado y estuvimos varias horas corriendo detrás de él hasta que pudimos atraparlo. El pescado venía dos veces por semana y nos lo traían directamente del puerto por ferrocarril.

sábado, 12 de mayo de 2012

Las meriendas (por Maribel Segovia y Pablo Martín)

Nos llamamos Pablo y Maribel, pero nos podríamos llamar Luis, Angelines, Rosi, Ángel, Tere, Jesús, Javier, Fernando... Tanto da.

Para los chicos y chicas de La Fábrica había algunas fechas del calendario que eran emblemáticas: el 18 de julio -por el baile- , las Navidades y Reyes, el 10 de mayo y alguna más.

Pero una de las citas festivas principales era el Día de las Meriendas.

Todo comenzaba poco antes del Domingo de Resurrección. Los amigos nos juntábamos para decidir qué comprar, dónde ir y a qué hora salir. La mayoría llevaba la clásica tortilla de patatas, hecha por su madre con mucho esmero. La bebida se compraba en el economato. No aprovisionábamos con mucha Coca-Cola y Fanta, y con poco o nada de alcohol, porque los jóvenes de entonces pasábamos de esas bebidas.

¿Dónde íbamos a ir? Básicamente, dependía de la edad. Si tenías más de 14 años, al río, por mucho que le pesara a tus padres. Si eras más jovencito, a la charca. Y si eras poco más que un niño, a las olivas al otro lado del cerrete, por supuesto bajo la supervisión de tus padres, que de vez en cuando te hacían una visita.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Recuerdos de una vida (por Ángel Segovia)

Mi nombre es Ángel Segovia. Muchos de los que leáis este libro me conoceréis personalmente. Para los demás, quiero explicar cómo llegó mi familia a la Colonia Iberia en 1941.

Nuestros orígenes estaban en Villasequilla. La unidad familiar la componían el matrimonio y cuatro hijos. 


Yo nací en 1944 en la colonia, el mismo año que mi padre falleció. Quiero destacar el gran apoyo que en aquellos duros momentos nos brindaron a la familia tanto los vecinos como la empresa. 

Fue Don Antonio Villalón, por aquel entonces director de La Fábrica, quien contrató a mi madre como repasadora de sacos (que en aquella época eran de yute), y desde ese momento nuestro capital ha sido la lealtad y el trabajo.

La vida en la colonia era sencilla  pero nos sentíamos muy afortunados, porque disponíamos de más medios de los que había en cualquier pueblo de los alrededores. 

martes, 25 de octubre de 2011

Otros deportes y actividades

A principio de los años 80 acabaron cuatro décadas de fútbol en la Colonia Iberia, dando paso a otras disciplinas deportivas , como la natación, el fútbol-sala y el baloncesto, con poco arraigo en la zona pero que aparecieron paralelamente a la construcción de una nueva piscina y de la pista polideportiva anexa a ésta.

El fútbol-sala nació como una prolongación natural del equipo de fútbol. Se inscribió en la Tercera División de la liga local de Toledo y la mayoría de sus jugadores provenían del fútbol grande.

Mencionar a todos es prácticamente imposible, pero ahí estaban Teodoro Cano, Luis Sánchez, Daniel Cabero, Domingo Pargas, Santiago Roldán, Cristóbal Roldán, José Arteaga, Gregorio Carrascosa, Rober, Marquitos, Felipe, Mon, José Luis, Maxi, Dani, Pirata, Felix Luján (entrenador) y muchos otros que contribuyeron al éxito de este equipo, que obtuvo dos ascensos consecutivos, hasta alcanzar la Primera División.

 

lunes, 10 de octubre de 2011

El Coro

 Mi nombre es Teresa. Nací en la Colonia de Pórtland Iberia y allí fue donde transcurrió toda mi vida hasta que me jubilé. Pero a los efectos de lo que aquí se cuenta, la fecha clave es el año 1971.

 Quedaban pocos días para la procesión del día de la Ascensión (ya se sabe, uno de esos jueves del año que según el refranero relucen más que el sol), cuando Don Juan Torres Tapetado, el capellán de la colonia, me preguntó si podría reunir a unas cuantas niñas y enseñarles algunas canciones para amenizar el desfile religioso. La verdad es que yo estaba un poco indecisa, porque era consciente de que una cosa así requería mucha dedicación y un tiempo para ensayar del que no disponíamos. Pero los genes hicieron de las suyas (mis padres me habían transmitido su pasión por la música) y finalmente acepté con la idea de cantar sólo ese día para salir del paso. Sin embargo, no fue sólo ese día. La gente quedó muy contenta, y el gusanillo musical, que me acompaña siempre, se extendió a todos los miembros del coro.

domingo, 2 de octubre de 2011

El Teatro

A las personas como yo, que rondo ya los ochenta años, se nos nubla la memoria cuando hablamos de la Colonia Iberia. Pero sí sé que aterricé en ella con ocho años y que un poco después, cuando ya era algo más mayor (entre 1944 y 1948), me encantaba ver aquellas obras de teatro que representaban los mayores y cuyos títulos vagamente recuerdo: La pluma verde, Tierra baja, Manda a tu madre a Sevilla… 

Por fin, me llegó la oportunidad de participar en una representación teatral. Recuerdo que empezamos a ensayar Noche de asilo, una obra en la que yo hacía uno de los papeles principales. Nos dirigía el maestro y ensayábamos en el salón que había delante del escenario. Uno de los días de ensayo, el señor Luis Peralta, que por aquel entonces regentaba el Casino, dejó colgados detrás del escenario unos racimos de uvas.  Misteriosamente, las uvas desaparecieron y se montó un buen lío. Tanto, que hubo juicio, pero como quiera que el comensal o comensales no aparecieron, la obra, en cuyos ensayos tanto nos esforzábamos, acabó por suspenderse. He de decir, en aras de la verdad histórica, que las uvas estaban exquisitas. Desde entonces mi hobby ha sido siempre el teatro, y por extensión cualquier actividad artística.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Día de Reyes (por Juan Ángel González Mompó)

Los que hemos vivido en Castillejo recordamos el día de Reyes con mucha nostalgia. Al principio, el acto central era la entrega de juguetes en el salón del cine. La empresa regalaba un juguete a todos los hijos de los trabajadores menores de 14 años.

Los regalos se exponían en el frontal del cine y nuestro alcalde, Fernando Villalba, iba nombrando a los niños, que subían al escenario muy nerviosos y recogían su juguete, mientras El Mona, el fotógrafo oficial de la empresa, daba testimonio con su cámara de ese momento tan especial.


A finales de los años 60, además de entregarse los juguetes en el cine, se empezó a organizar una cabalgata, con sus Reyes Magos, sus pajes y demás coreografía. Desde entonces eran los Reyes los que entregaban los presentes a los niños Los más mayores nos ofrecíamos voluntarios para representar el papel, pero había que tener cuidado para no meter la pata.  Recuerdo que en cierta ocasión me tocó entregar un juguete a una de mis sobrinas. Crucé algunas frases con ella (lo típico: “¿Cómo ha ido el año?”, ¿qué tal te has portado?”), y cuando bajó del escenario le dijo a su madre con un gesto mohíno: “Mamá, el Rey negro habla igual que el tío”.

El Fútbol (por Teodoro Cano)

Entre las actividades de ocio que impregnaban la vida cotidiana en la Colonia Iberia, los deportes siempre tuvieron un papel relevante. Cierto es que por entonces no había televisión y en algo nos teníamos que entretener, pero también es verdad que disponíamos de los materiales y las canchas para practicar.

Se jugaba al frontón, al tenis, al baloncesto, se hacía natación... Pero el deporte más popular era sin duda el fútbol. Y siempre hubo un buen equipo en la colonia, lo cual tiene su mérito porque la materia prima, es decir, la población de jóvenes en edad de jugar al fútbol, era relativamente reducida.

Mis primeros recuerdos se remontan a los años 1953 y 1954, cuando yo tenía cinco o seis años. En la colonia había un equipo legendario en el que formaban los hermanos Jiménez (Matías y Boni), los hermanos Guzmán (Fulgencio, Chele, Fernando, Paco), Tomás González, Vicente Cotanilla, Félix Luján, Joaquín Burgos, Ángel del Cerro, Pedro Gómez, y algunos otros que me dejaré en el tintero.


miércoles, 14 de septiembre de 2011

La piscina / terraza / baile de verano

Allá por los años 50, la dirección de la fábrica de Castillejo construyó unas piscinas en la Colonia Iberia para los obreros y familiares: una para mujeres y otra para hombres. En aquel tiempo yo tenía siete u ocho años, y ni yo ni ninguno de mis amigos sabía nadar. Pero con el tiempo, a base de aguadillas y chapuzones, se nos fue quitando el miedo al agua y aprendimos a nadar.

Años después, en las fiestas de 
verano, pudimos poner a prueba nuestros progresos, porque se organizaban campeonatos de natación y saltos de trampolín, pero casi siempre ganaba Carlos Verdugo, que era un experto nadador.



miércoles, 20 de abril de 2011

La Escuela (por Francisco Jiménez Sánchez)

Tenía seis años cuando entré por primera vez en la escuela de la Colonia Iberia. Lo recuerdo como si fuera hoy. Por fin, me había hecho mayor. O eso pensábamos nosotros, porque en la colonia ir a la escuela marcaba un punto de inflexión: era dar el salto que te permitía pasar de niño a mayor. 

Todos entrábamos a la misma edad y salíamos con 14 años. Muchos, listos para pasar a engrosar la nómina de trabajadores de La Fábrica como aprendices. Otros, preparados para estudiar bachiller o formación profesional en Aranjuez. Al principio, había solo dos aulas y dos maestros: D. Rafael, el de los chicos, y Doña Evelia, que enseñaba a las chicas. Con el paso de los años y el incremento de alumnos, hubo que ampliar las clases y se incorporaron dos nuevas maestras: Meme y Paqui. Antes y después pasaron por allí otros profesionales de la docencia que dejaron una huella imborrable en nuestros recuerdos y en nuestra formación.

La Maestra (por Demetria González Criado)


Nunca pude imaginar que, yo, aquella niña de 4 ó 5 años que se sentaba en los pupitres de dos plazas de la escuela de la Colonia Iberia, llegase años más tarde a llevar las riendas de una de esas aulas y después a ser directora del centro.

Pero así fue. Llegué a estas escuelas de Patronato (régimen especial) como propietaria definitiva de la plaza en 1965, gracias a D. Eduardo Calderón, que creó una escuela unitaria más, reclamándome a la Dirección Provincial de Educación para desempeñar mi labor docente en la colonia, donde se desarrolló toda mi infancia, donde residía mi familia y donde, más tarde, formé yo la mía propia.